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Asociación BAL

Un espacio para el debate y la reflexión política y cultural

La carrera oficiosa

Siento reiterarme en el mismo tema, no tenía previsto publicar otro artículo sobre Semana Santa, me disculparán por el hecho de que el último era de la serie "Fragmentos" y este sí es de opinión. Es más, ya que el tema ha trascendido el ámbito meramente cofradiero, y tras las declaraciones de la Delegada de Fiestas Mayores, Doña Rosamar Prieto y el Delegado de Infraestructuras para la Sostenibilidad (sic), Don Antonio Rodrigo Torrijos, es un tema de ordenación del tránsito de personas, de urbanidad, puede decirse que casi no es de Semana Santa.

Ya digo que pensaba dejarlo en el cajón pero finalmente me he decidido, tampoco es cuestión de publicarlo en agosto... aunque sea una fecha muy propicia para las tertulias cofrades.



Se acabó la Semana Santa. No me refiero al periodo comprendido entre el Domingo de Ramos (o Viernes de Dolores) y el de Resurrección, sino a la fiesta de Sevilla en la calle. Murió en 2.009. El año 2.008 fue ya un año de agonía pero este 2.009 se ha firmado el certificado de defunción. Sólo nos queda la esperanza de que al tercero resucite, pero lo veo complicado. La causa de dicha muerte, unas pequeñas sillas plegables con mango de paraguas que han proliferado en dos años de forma alarmante y han ido directamente a la base de flotación de lo que supone ver cofradías, que no procesiones, en Sevilla.

Esta diferencia entre cofradía y procesión sólo existe en Sevilla y es de conocimiento general y natural de todos los sevillanos, que se refieren familiarmente a la cofradía de La Estrella o del Gran Poder y, paralelamente, a la procesión del Corpus o de la Virgen de los Reyes. Esta explicación, que no hacía falta darla hace no más de un puñado de años, es hoy imprescindible y este simple hecho por sí mismo da muestra de que esto se ha ido definitivamente y sin remedio por el sumidero de las cosas de esta tierra (pasa como con la alusión tan sevillana usada para referirnos a si una Hermandad es de silencio o no: "estos no dan caramelos", que por culpa de la moda de estampitas, medallitas y cualquier día, dvd´s de la entrada en Campana del año anterior, ya ha perdido todo su sentido).

La diferencia, como digo, entre cofradía y procesión, necesita hoy explicación porque muchos sevillanos (mejor dicho, muchas personas nacidas o con domicilio administrativo en Sevilla) la desconocen, y estriba en que a la cofradía hay que buscarla, mirarla, acompañarla, formar parte de ella y a la procesión simplemente se la contempla de forma pasiva y, como es el caso, sedentaria. Es por esto que las sillas no sólo entorpecen y dificultan el tránsito de las personas por las calles, lo que ya de por sí sería motivo de prohibición (o limitación) por estrictas medidas de seguridad, al menos en las proximidades de la fila de nazarenos, o en los cruces de las calles, sino que desnaturaliza la esencia misma de esta fiesta que la hace singular y única, convirtiéndola en vulgar y corriente.

No vale aquí el argumento esgrimido por algunos de que ellos también tienen derecho a disfrutar sentados como los abonados de la carrera oficial. El simple argumento de que estos abonados pagan la correspondiente tasa para ocupar la vía pública debería sobrar, es que además estos abonados no disfrutan de la Semana Santa, sino del hecho social de estar sentados viendo, en este caso sí, procesiones, cosa que realizan libremente sin imponerla a los demás, como sí ocurre con los "abonados de la carrera oficiosa" que intentan imponer sus criterios al resto, impidiendo el paso y estableciendo los límites del discurrir de la cofradía que, según ellos, deben hacerlo justo por delante de su sillita.

Este comportamiento no deja, por otra parte, de ser un anhelo de "cateto" (no confundir con ser natural de un pueblo que eso en Sevilla nunca tuvo nada que ver) que aspira a nuevo rico. El "abonado oficioso", en ese afán de emular a los oficiales, ha adoptado los comportamiento más negativos; no sólo desconocen en gran medida lo que allí ocurre, algo que se manifiesta cada día en la carrera oficial y que llega a su punto álgido en la Madrugá con el desembarco vía AVE de los habitantes de la capital de las Españas, sino que para que nadie pueda dudar de que podrían formar parte de ese deseado "olimpo de los sedentes" ha mostrado en este año una capacidad para producir basura digna de los palcos de la plaza, llegando a depositar un sesenta por ciento más de porquerías, según datos oficiales del Ayuntamiento.

La Semana Santa se ha democratizado oficialmente, ya todos tienen silla, ya todos ignoran a qué se está en esta Semana, ya todos ensucian como dios manda… es hora de escribir un nuevo libro: "Divagando por la ciudad de la grasa (o pringue)"... al menos nos queda Lipasam.

Fragmentos IV

La cuarta entrega de la serie “Fragmentos” está, en esta ocasión, dedicada a la que muchos consideramos la mejor obra escrita sobre nuestra Semana Santa y viene a continuar el recorrido recomendado hace hoy exactamente dos años con "La Semana Santa de Sevilla. Conformación, mixtificación y significaciones”, donde se hacía referencia a la complejidad de esta realidad que, en palabras del autor, se presenta como un “caleidoscopio” por el que se ven múltiples realidades divergentes pero complementarias.

En “Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa” (1934), Antonio Núñez de Herrera, miembro de la sección sevillana de la Generación del 27 surgida en torno a la revista Mediodía (Juan Sierra, Alejandro Collantes, Joaquín Romero Murube...), se adentra por primera vez en el plano sociológico de la fiesta, apartándose de los estereotipos y sobreponiéndose al aspecto religioso.

Teología,  “Teoría de Jehová y los comunistas”; historia, “Historias en azul de una Revolución”; costumbrismo “Texto púnico de los cien gallos” o modernismo “Épica del dirigible y la torre”, son algunos de los hitos que jalonan este breve pero intenso libro olvidado de la Sevilla oficial cofrade. Curiosamente este año 2009 se cumplen setenta y cinco años desde su publicación. Puede ser un buen momento para recordarlo.



“La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su caudal de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa surge en resurrección de milagro, que olvidan referencias y avatares. Por eso la Semana Santa es incapaz de filosofía e historia.

En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma, automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en ese tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana.

Acaba finalmente cuando en el postrer nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el último número de “El Socialista”.

El último nazareno, sí tiene su historia y su filosofía. En pesados artículos doctrinales ha leído algo sobre Hegel. También sabe la interpretación materialista de la Historia. Pero ahora no se trataba de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero ¡cuidado! Tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.

La Semana Santa carece de antecedentes filosóficos y políticos. Es decir, no tiene antecedentes penales.

El último nazareno, está contento. No siente haberle hecho traición a nadie. Ni siquiera a la Segunda Internacional. Él es primero, sevillano.

Por lo demás ha cumplido con su deber. En la puerta del Ayuntamiento unos jóvenes tradicionalistas gritaban ¡Viva la Religión Católica Apostólica Romana! Y él fue uno de los diez mil que pusieron las cosas en su sitio:

-         ¡No! ¡Que viva la Semana Santa!

Son dos asuntos, señores. El nazareno envuelve sus sandalias en el último número de “El Socialista”.

Medalla de Sevilla

La iniciativa ha partido de las Hermandades a las que pertenece que, a través del Consejo General de Hermandades y Cofradías, han solicitado al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad a Don José Pérez Blanco, “Peregil”. A la iniciativa se han sumado colectivos de artista y la patronal hostelera y pretenden recabar el mayor número de adhesiones posibles para hacerla realidad el próximo 30 de mayo, festividad de San Fernando.



José Pérez Blanco nació en Manzanilla, provincia de Huelva, en el año 1945. Cataor y tabernero a la vieja usanza, José Pérez “Pepe Peregil”, es uno de esos personajes que hacen a Sevilla una ciudad distinta. Saetero potente, flamenco desgarrado y hacedor de anécdotas sevillanísimas, desde su taberna de “Quitapesares”, este embajador de la gracia y anfitrión pintoresco de turistas y paisanos, ha sabido configurar un universo de mostrador en el que se evocan los cielos perdidos más próximos a Vicente “El Traga” que a Romero Murube.

Por eso ahora unos cuantos sevillanos serios y otros cuantos majaretas, se han propuesto que, por una vez, Sevilla no sea esa madrastra de la que hablara Cernuda y reconozca en él la singularidad, el arte, la hondura, pero también la generosidad de la que dan testimonio las corporaciones de la collación de Santa Catalina.

Desde mi Plaza de Santa Marta me uno a esta iniciativa y te animo a que, si quieres, te sumes a la misma, cumplimentando este escrito de adhesión y haciéndolo llegar a la Secretaría del Consejo General de Hermandades de Sevilla ubicado en la calle San Gregorio número 26 de Sevilla.

PS: Puedes unirte a la iniciativa incluso si no sabes quienes fueron “El Traga” o Joaquín Romero Murube o desconozcas lo que es una collación…

El coleccionista de monos

Comenzamos el mes de marzo con otra colaboración de Ciudadano Cero en el blog de la Asociación BAL. Envíanos tus artículos y sugerencias a bal@asociacionbal.org



Citaré la fuente para que no exista ningún género de duda de que no es mi intención apropiarme de la autoría del cuento. La mañana del viernes día 6 de marzo, escuchaba Sevilla Fútbol Club Radio mientras conducía por las calles de la ciudad, y en el programa “Estilo Sevilla” que presenta Javier Nemo, uno de sus colaboradores relataba un simpático cuento que me atrevo a reproducir de memoria. Pido perdón de antemano si no es fiel reflejo del mismo.

"Apareció en el pueblo un hombre, nadie lo conocía, no era del lugar ni de los pueblos de alrededor. Su aspecto era agradable, vestía un buen traje, y su cara era de esas caras familiares que infunden confianza. Se instaló en una buena casa a las afueras del pueblo y colgó un cartel en la puerta donde anunciaba algo. Ese mismo anuncio lo insertó en el único periódico del pueblo, lo colgó en el bar del pueblo, la farmacia, el ayuntamiento y hasta en la puerta de la parroquia. El anuncio decía lo siguiente “Pagaré diez euros por cada mono que me entreguen”.

Cerca del pueblo había un bosque repleto de monos y los campesinos del lugar se apresuraron a organizar batidas para capturar todos los monos que pudieran. El hombre, cumplió fielmente su palabra y a cada campesino le entregó la cantidad prometida por cada mono vivo que le entregaba, encerrando a los animales en una gran jaula.

Una vez fueron capturados la mayoría de los monos, comenzó a dificultarse la tarea por lo que el hombre anunció que, en adelante, por cada mono pagaría veinte euros.

Los campesinos volvieron a adentrarse en el bosque y capturaron cuantos monos encontraron, entregándolos al hombre en su casa para que los encerrara en la gran jaula y recibiendo el dinero prometido.

A los pocos días se hizo aún más difícil la captura, casi imposible, por los pocos monos que quedaban ya en el bosque y, por tanto, dejaron de llegar campesinos vendiendo monos. El hombre, una vez más, subió la recompensa y prometió entregar, a partir de ese momento, setenta euros por cada mono.

Debido a unos negocios que el hombre tenía en la gran ciudad tuvo que abandonar el pueblo antes de que comenzaran a llegar los campesinos pero encargó a un amigo suyo que se hiciera cargo del negocio  hasta que regresara.

A los pocos días volvieron a llegar campesinos con monos para la gran jaula y el amigo del hombre les propuso un trato, en lugar de comprarle él esos pocos monos a setenta euros, les vendería toda la jaula con todos los monos a cuarenta y cinco euros y a la vuelta del hombre ellos podrían venderle todos los monos de la jaula a setenta euros. Los campesinos aceptaron, reunieron el dinero y se lo entregaron.

A la mañana siguiente el amigo del hombre se había marchado también del pueblo. Los campesinos se quedaron con la jaula repleta de los monos que desde siempre habían estado en el bosque, pero sin dinero. El hombre no volvió, ni tampoco su amigo. Nunca más volvieron a verlos, ni a ellos ni al dinero y desde entonces todos los campesinos de ese pueblo conocen el significado de la palabra inversión y el funcionamiento de la bolsa y del mercado de valores”.

 

Cadena perpetua

Traemos, en esta ocasión, al blog de la Asociación BAL, la aportación de uno de nuestros colaboradores, Ciudadano Cero. Si quieres colaborar con nosotros recuerda que puedes enviarnos tus artículos de opinión o sugerencias a la dirección de correo bal@asociacionbal.org.



No existe en este país, no existe en ningún lugar del mundo, persona que pueda abstraerse de la brutalidad, el asco y el desprecio que  producen actos de violencia como los ocurridos en los últimos tiempos en Huelva, caso Mari luz, y en Sevilla, caso Marta del Castillo. Actos de criminalidad como estos o como cualesquiera otros que hayan sucedido o sucedan, porque sucederán, no nos quepa la menor duda, provocan entre lo ciudadanos un sentimiento de repulsa tal que tras la indignación sólo deja, desgraciadamente en algunos casos, lugar al sentimiento de venganza. Este sentimiento es, hasta cierto punto, comprensible en el ámbito individual, pero en una sociedad que se digne de considerarse civilizada no es, en ningún caso, deseable.

La sociedad tiene el derecho, casi la obligación ética y moral, de expulsar de entre sus miembros a los sujetos que se desvíen hasta tal punto del sendero de la convivencia pacífica y respetuosa, y para eso debe contar con instituciones suficientemente legitimadas como para hacer recaer en ellas esta responsabilidad. Sin embargo, al parecer, existe entre los miembros, entre algunos miembros, de esta sociedad, la creencia de que esas instituciones no están actuando todo lo eficientemente que deberían y, en consecuencia, piensan ellos, ocurren las cosas que ocurren.

Esta reflexión, que a mi juicio es errónea, conlleva un efecto contraproducente. Partamos de la base, ya digo errónea a mi juicio, de que el sistema penal es benevolente con el criminal, partamos de la base, también errónea, de que quienes dirigen este discurso no lo hacen con la intención de atacar el sistema penal democrático, sino con la intención de mejorar la situación actual. La realidad es que estos discursos están haciendo mucho daño, perjudican la convivencia y confunden a la sociedad, hacen pensar al delincuente, pongamos por caso un menor, de que realmente el sistema no es severo, y no garantizan, como muestran realidades como la norteamericana, que la criminalidad descienda.

La criminalidad forma parte de la sociedad, y no va a dejar de existir porque lo establezca una norma con mayor énfasis, no creo que un pederasta, un violador o un joven violento acuda al Código Penal o la Ley Penal del Menor antes golpear a su víctima. La cadena perpetua, a lo sumo, evitará que delinca ese sujeto, pero el próximo elevará nuestra indignación que sólo se saciará con una pena mayor, entrando en una espiral de crimen-acción / pena-reacción que acabe volando por los aires. Debemos de una vez por todas poner los medios para recuperar una conciencia ética social que lleve a los ciudadanos, menores de edad y mayores, a considerar que las acciones son correctas o incorrectas independientemente del castigo que lleven aparejadas, por el mero hecho de estar bien o mal, de ser morales o amorales, decentes o indecentes, justas o injustas. Es momento, en definitiva, de educar ciudadanos, si tiene que ser en las aulas, sea, si tiene que ser en las casas o en la calle, sea... si tiene que ser en los medios de comunicación, bueno, ahí no sé si perder definitivamente la esperanza.

PS: Para terminar, recomiendo encarecidamente que dediquéis un minuto de vuestro tiempo a leer este reportaje que publica en el día de hoy (25 de febrero de 2.009) el diario El País y que arroja algo de luz, desde el punto de vista técnico, de cuál es la realidad penal y penitenciaria de este país y como contradice, con datos, los ecos de la polémica.

 

NOTA 26 de febrero: No quise hacer referencia al correcto comportamiento que, considero, han tenido los partidos políticos, al no apoyar la manifestación del fin de semana pasado en favor de la cadena perpetua. Pensé que eso podría abrir un debate que excedería del objeto de mi colaboración. Sin embargo, al grito de "Socorro, el incendio se apaga ¿hay algún pirómano en la sala?” ha acudido raudo Don Javier Arenas, (el Barack Obama de Andalucía, como él mismo se definió) para que no quepa la menor duda de que también es el campeón de la irresponsabilidad.

 


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